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“La muerte del ego es el nacimiento de todo lo demás”. La utilización de la astrología puede proporcionar una perspectiva -y un desapego de- nuestra mente y pautas del ego a fin de que ocasionalmente percibamos lo que es real; pues, mientras seamos víctimas de estas pautas, estamos en una oscuridad total. El mapa natal revela estas pautas de un modo claro que nos permite ocuparnos más eficazmente de nuestros hábitos y de nosotros mismos.

La astrología proporciona una pauta de crecimiento y desarrollo que es muy superior a cualquier otra herramienta psicológica. Indica aquello en lo que debe trabajarse, el significado esencial de una experiencia o fase particular de la vida, a qué pautas interiores habrá que someterse, la duración aproximada de alguna fase particular de la experiencia, y un modo exacto de regular los cambios cruciales de la vida. Permite armonizarse con los propios poderes y usar el poder del pensamiento, de la voluntad, y de la vitalidad creadora para moldear un mejor modo de ser. Prestando atención a los ciclos astrológicos, podremos ver cuándo tenemos la oportunidad de desarrollar nuevos enfoques de la vida y cuándo seremos puestos a prueba para ver si nuestros enfoques actuales son verdaderamente satisfactorios y creativos.

La astrología nos da un sentido de perspectiva y un medio de ganar conocimiento sobre nuestras vidas, de modo que no quedemos “colgados” de una experiencia, frustración o bloqueo. Puede ponernos en contacto con el dinamismo y la naturaleza cíclica de toda la vida. Puede proporcionarnos Fe en algo mayor que una mera consciencia del ego y, por tanto, Fe en el yo real de uno.

Puede proporcionarnos la claves de las iniciaciones (o sea, las épocas cruciales de confrontación y marcado crecimiento) en la vida de toda persona, una pauta y una necesidad que la cultura occidental ignora.

La astrología suministra un medio por el cual los sentimientos más profundos y los anhelos inconscientes del cliente pueden ser traídos a la consciencia y dárseles forma. Lo que originalmente era vago, perturbador fastidio, puede entonces transformarse en un depósito de energía creativa recién liberada, dando a menudo al individuo un sentido claro de dirección y significado nuevos en la vida. Permite que la persona determine el tipo de actividad en la que sus energías vitales puedan fluir con la máxima cantidad de comodidad y satisfacción. Puede ayudar a la gente a tener mayor confianza en sí misma confirmando las insinuaciones, los sentimientos y el conocimiento interior que tal vez hayamos temido expresar o confiar. Más que la a menudo voceada crítica de la astrología que a uno lo vuelve más débil dependiendo de fuerzas que están fuera del yo, el apropiado uso de la astrología podrá ayudar a un individuo a desarrollar un grado mayor de confianza y esperanza personal. Con frecuencia, una persona siente profundamente que tiene aptitudes especiales en cierta área, por ejemplo, pero la falta de confianza y esperanza en sí mismo puede hacer que sea difícil actuar sobre este sentimiento.

La astrología puede ayudarnos a conocer que “todo el mundo es un teatro” y que meramente representamos un papel en este vasto drama. Tal conocimiento puede darnos un sentido de perspectiva y humor que hace que la vida sea más fácil de encarar. Y, además, tal conocimiento induce eventualmente a considerar la cuestión última de la vida: ¿Quién es el actor en este drama? ¿Quién es el dierctor? ¿Y quién es el autor?. Nos muestra que dentro de nosotros hay muchas dinámicas interactuantes, que nuestra estada en el mundo material abarca muchas fuerzas, necesidades e impulsos. La astrología nos ayuda a identificarnos más bien con la totalidad de este proceso vivo que a identificarnos, como lo hace la mayoría de las personas, con una o dos dimensiones limitadas de la experiencia.

“La historia Universal es el Juicio Final”, se puede decir, en este mismo sentido, lo siguiente, acerca de cada hombre individual: el destino de cada ser humano es el juicio cósmico final acerca de su propia historia, del mismo modo en que el destino onírico es el juicio propio -el juicio que el individuo formula acerca de sí mismo-, su confrontación, con su propio pasado.

La única manera de dominar el destino es la de amortizar la herencia o el pasado por liquidación de la “deuda” de la obligación.

Es ésta una de las exigencias más difíciles de cumplir que nos impone la astrología: la exigencia de transformar la constitución que nos es dada por nacimiento y herencia, la exigencia de barrer la escoria del pasado.

En tanto nosotros mismos nos desembarazamos de esta escoria, destruimos un obstáculo que frustra de continuo nuestra asimilación a la gran unidad. La obligación -el peor de los males- se interpone como un muro entre el yo y el universo, rodeando, por así decir, con una escoria oscura el luminoso núcleo de Dios.

Esta transformación es precisamente la exigencia fundamental de la evolución, superior del ser humano, es la transformación de nuestra “capacidad”, la evolución superior por fuerza propia.
El sujeto que acierte a eliminar a conciencia la escoria de su propio yo, se puede considerar un alquimista. Pero ser alquimista en este sentido es cualidad dada a muy pocos; la mayoría de nosotros tenemos que pasar por los “sacudones” del destino, por los sufrimientos del destino. Y es precisamente la astrología la que nos da la clave para reconocer los puntos débiles de nuestro carácter, los puntos vulnerables al ataque del destino; ocurre algo parecido al análisis del sueño, que nos lleva a aclarar los puntos oscuros de nuestra vida psíquica. Y esto nos abre una perspectiva de la relación total, la que podríamos caracterizar ya, a base de los conocimientos adquiridos, de relación moral entre el micro y el macrocosmos.

Mis penas y mis dolores, ¿no vienen a ser una especie de fenómenos patológico en la vida del organismo total, del cual yo soy una pequeña, imperceptible célula?

¿No significa el coadyuvar a mi propia curación un deber moral máximo en el sentido de la vida total de la cual parten las fuerzas de la vida universal, no sólo para mí sino también para lo más “prójimo” y lo más alejado de mí? Los dolores y los sufrimientos del individuo son síntomas de su despertar; cuanto más intensos los sufrimientos, tanto más cercano el tiempo del despertar. Mas, en cuanto el hombre ha despertado al reconocimiento de su deber moral, reconoce también el sentido cósmico de esta “fuerza” del deber, ganando con ella la fuerza de penetrar con poder transformador en las relaciones cósmicas. Pues las fuerzas que en el cosmos obran “con poder” con expresión de la misma ley que en el interior del ser humano determinan la fuerza moral de éste; la ley moral es la ley suprema de la evolución del mundo universal.

Bibliografia: Astrologia, Psicologia y Los Cuatro Elementos, Stephen Arroyo.
La Astrologia como ciencia oculta, Oscar Adler.